LUCIERNAGA TE ENSEÑA AMIGA.
Había una vez una luciérnaga llamada Luz, que sentía mucha vergüenza porque su brillo no era constante; parpadeaba a un ritmo diferente al de sus compañeras. Mientras todas las demás coordinaban sus luces como un faro perfecto en el bosque, Luz parecía una pequeña estrella con hipo.
Una noche de tormenta, las nubes taparon la luna y el bosque quedó en una oscuridad total. Las luciérnagas más brillantes se asustaron y se escondieron bajo las hojas, pues su luz constante atraía a los depredadores.
Luz, sin embargo, se dio cuenta de que su parpadeo irregular la hacía parecer un simple reflejo del agua o una chispa lejana. Valiente, decidió volar hacia el sendero para guiar a una familia de conejitos que se había perdido. Con su ritmo único —encendido, apagado, encendido— les marcó el camino sin ser detectada por el búho que vigilaba desde lo alto.
Al amanecer, el resto de la colonia entendió que no se trataba de brillar siempre igual, sino de saber cuándo encenderse para marcar la diferencia. Desde entonces, el parpadeo de Luz fue la señal favorita de todos en el bosque.





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